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Es Navidad

Relato de Elena Santiago incluido en el libro ‘Fiesta’ del proyecto cultural ‘Contamos La Navidad’

La Navidad nieva que nieva la montaña, nieva que nieva la magia de los Magos. Es frecuente que estos días tomemos dirección a los recuerdos y hagamos un viaje a un pasado abarrotado de niñez. Es un viaje con destino, porque la infancia la tenemos cada vez que la buscamos. Así, tomé camino hacia lo que más necesitaba y en las horas del viaje se me adormeció el pasado colgado del pensamiento y mecido por el movimiento del tren.

Al llegar, llovía. Y era tan gris el final de la tarde, que gris fue cada paso. Y melancólica la llegada al frío de la casa, que es casa de verano y el frío la deja tiritando. Me asomé al jardín, tan habitado bajo lo mustio. Tan habitado el árbol centenario de flores blancas y grandes en verano. Los pasos del desván, los pasos del miedo, callados. Y más silencio en la escalera de subida a la galería cálida. Silbaba el viento en las rendijas y contra el tejado, viento de Galicia huracanado, y llegué a pensar que olía a eucaliptos.

Me senté donde siempre me siento a mirar lo que miro desde niña. Llovía y goteaban los bordes del tejado sobre el empedrado del patio y la hortensia encogida.

Quería yo ver nevar, como nevaba entonces (cuando la Navidad estaba entera) hasta cubrir la existencia (cuando la existencia estaba intacta). Nevado el magnolio y lo mustio y lo derrotado que tenía al jardín con la cabeza baja. Copos libres bajando en un juego que iba adueñándose del mundo allí encerrado, concediéndole una belleza acostumbrada.

Lloraba el pavo del vecino, lloraba su destino el pavo, a punto de acabar. Pensaba yo que la nieve lo cubría todo, menos las lágrimas. Me llegaban los cánticos desde la iglesia de San Juan ensayando Noche de paz. Noche de amor. Tanta paz y tanto amor que falta nos hacía para todos los días. Por los niños que mueren de hambre. Por los inmigrantes perdidos. Por los violentos que agreden la convivencia.

Estaba en la casa que me acoge cada vez con más sentimiento, y, en contra de mis deseos, no nevaba. Sentía yo la ausencia de la nieve, sentía yo la ausencia… Subí al desván, la puerta terca se abrió a trompicones. Al fondo el ventanillo rayado de lluvia, permitía apenas un cuadrado de claridad hacia dentro. Entre el serrín de un cesto inmenso fui encontrando a la tía Tula que caminó toda su vida en mi infancia hacia un Belén nevado de harina. El hombre de la barba blanca llevando una calabaza, el que arrastraba un burro cargado de leña, la castañera con el fuego encendido, el molinero con unos ojos en negro, muy pintados en la cara. Jesús y María pidiendo hospedaje en la soledad del mundo. Los pastores alrededor de la hoguera y del milagro anunciado por el ángel. Las lavanderas en un río de agua de papel pintado. Y las casas, ahora apagadas, encendidas habían estado en el paisaje inventado, entre montañas y senderos de musgo, cerca del río o perdidas por las cumbres. En lo más alto, las cabras y el perro y el pastor de capa parda. Tan sabido, sin renuncias.

Entre el serrín, mis manos buceando en el pasado, escuchando el ruido del agua entre las tejas y el ruido suave y cálido de un tiempo exclusivo que estaba entre el serrín y también vivo, iluminado. Era como cuando se obraba la maravilla de encenderse el nacimiento bellísimo que construía nuestra madre y el mismo hormigueo que transmitía el musgo húmedo en algún punto del cable eléctrico enterrado. Lo mágico daba calambre, pensábamos.

Volví a mi sillón en la galería, a mirar los tejados y la lluvia, cuando apareció un sol decidido en una rendija de nube. Las gotas brillantes en el cristal, casi herían. Goteaban aún los tejados, y la nostalgia. Pensé que podría hacer una fotografía a la deslumbrada imagen. No era de nieve como hubiese querido, pero era rotunda y exclusiva.

Y la hice.

Acaban de traérmela, revelada. Sorprendida miro la imagen del instante de agua y luz y melancolía. Las gotas, en el cristal, simulan copos de nieve, intensos, absolutos, sobre un fondo que es tejado oscurecido.

Es un milagro. Un regalo. Es Navidad.

Elena Santiago

Relato incluido en el libro ‘Fiesta’ del proyecto cultural ‘Contamos La Navidad’